viernes, 22 de julio de 2011

CABEZÓN DE LA SAL.- Los ecologistas se muestran preocupados ante los riesgos por extracción de gas

Representantes del movimiento 15-M, de Mortera Verde, ARCA y Ecologistas en Acción Cantabria celebraron ayer una Asamblea en Cabezón de la Sal para dialogar sobre el otorgamiento del permiso de investigación Arquetu -publicado en el BOE el pasado 4 de julio- a la empresa Trofogás Hidrocarburos por un período de seis años y sobre una superficie de 24.876 hectáreas. Unos terrenos que se reparten entre los ayuntamientos de San Vicente de la Barquera, Valdáliga, Rionansa, Tudanca, Udías, Cabezón de la Sal, Ruente, Cabuérniga y Los Tojos.



Según informaron ayer en un comunicado las organizaciones de la Asamblea, la empresa Trofogás pretende investigar y explotar gas natural en el subsuelo de Cantabria mediante un sistema llamado 'fracking': una tecnología no convencional de extracción de gas natural que apenas se ha utilizado en Europa.

La forma de extraer el gas consiste en introducir enormes cantidades de agua a presión, mezclada con arena y productos químicos, para romper las rocas bituminosas y liberar el gas natural y otros gases y líquidos que están retenidos. Entre los problemas que genera esta tecnología está, según la Asamblea, la contaminación del suelo y del subsuelo con las sustancias químicas que se añaden al agua a presión y los gases que se liberan, que afectan a las aguas subterráneas y superficiales.

Según el informe del que disponen las asociaciones, la poca información suministrada por la operadora no impide certificar que numerosas sustancias han sido clasificadas por organismos de control europeos como de «inmediata atención» debido a sus efectos potenciales sobre la salud y el ambiente.

En particular, 38 son tóxicos agudos, 17 han sido clasificadas como tóxicas para organismos acuáticos, ocho son cancerígenos probados, siete son elementos mutagénicos, y cinco producen efectos sobre la reproducción. «Si bien el nivel de riesgo asociado al uso de estas sustancias depende de su concentración y de la forma en que se exponga a los seres vivos y al ambiente durante su utilización, las enormes cantidades que deben emplearse -para una plataforma de 6 pozos oscilarían entre los 1.000 y los 3.500 metros cúbicos de químicos-, serían, por sí mismas, motivo de máxima precaución y control», señalaron.



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